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De espaldas al consumismo, los habitantes de las ecoaldeas siembran sus alimentos, construyen sus casas y viven con conciencia ecológica. Es que se sienten parte de la naturaleza

Diario La Nación. 31 de Julio 2011. Edición Impresa.

Entre el consumo de electricidad, los traslados tanto en auto como en transporte público, los alimentos con productos químicos, las botellas y tantas otras cosas -si se tiene en cuenta cada rubro desde que uno se levanta hasta que se va a descansar- parece imposible vivir sin contaminar.

“Una familia de cuatro personas que vive en la ciudad usa, en el baño, 150.000 litros de agua por año, tanto para ducharse como para el depósito. En cambio, en los baños ecológicos los desechos líquidos y sólidos se trabajan por separado: los líquidos se vuelven fertilizantes. Tenemos tratamientos de aguas grises y las aguas del baño tienen una cámara que usamos para el regado de las plantas aromáticas. Hay un gran ahorro de agua”, detalla Thakur Das, director de Eco Yoga Park, ecoaldea de General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, en la que viven entre 12 y 15 personas y donde, desde hace 16 años, se difunden los principios de la vida sustentable, el yoga y el vegetarianismo. Tiene, además, un restaurante orgánico vegetariano y vegano.

“El delito ecológico se comete en la góndola del supermercado, no en la vereda cuando se tira un papel. Se puede vivir muy bien sin comprar envases ni envoltorios de plástico”, asegura Antonio Urdiales Cano, dedicado al diseño, la enseñanza e investigación de la permacultura desde 1997. “La gente que come basura y bebe pintura necesita tirar envases y envoltorios. Si uno come comida y bebe bebida no genera desperdicios y no estropea la salud”, explica con vehemencia. En los cursos que dicta enseña a sus alumnos que lo importante no es separar, sino directamente no juntar. Y da un ejemplo muy claro: un puñado de yerba usada no es basura, de la misma manera que una botella limpia no es basura. La basura se genera cuando se juntan esa yerba con la botella.

Por supuesto, el tema económico puede convertirse en una traba a la hora de llevar adelante una aldea eco. “Nos estuvo costando mucho ser sustentables desde allá. Además de tener huerta y animales, también hay que tener una actividad sustentable para generar dinero. Es complejo formar una comunidad”, comenta la arquitecta Laura Frogioni, una de las fundadoras de la Asociación Civil Conciencia Comunitaria, que desde hace ocho años tiene en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, la ecoaldea de la Comunidad Chobita.

La idea de las aldeas ecológicas nació en los años 60, cuando aparecieron las primeras comunidades y se formuló el concepto de permacultura, que consiste básicamente en la combinación de un respeto profundo por la naturaleza con la sustentabilidad económica. Según Urdiales Cano, la permacultura es una forma de vivir y trabajar que puede ser usada por todos los hombres del mundo sin causar problemas a la naturaleza ni a las personas. “Sería la casa autosuficiente que no contamina, que produce todo en forma automática, perpetua y gratuita.”

“Al usar solamente la electricidad que es generada por nosotros, uno toma conciencia directa de la energía que se gasta. En el momento de elegir la bombita para iluminar vamos a elegir la de mayor eficiencia, nosotros estamos iluminando con el sistema de LED -cuenta Silvia Balado, cofundadora, junto con su marido Gustavo Ramírez, de la Ecovilla Gaia, en Navarro, provincia de Buenos Aires-. El patrón de consumo en la electricidad, el agua y la energía en general consiste en usar lo que se necesita.”

Terapista ocupacional, Balado asegura que en la ecovilla, donde viven diez personas de entre 8 y 83 años, se considera el esfuerzo que exige cada cosa en la vida de campo. “Juntar la leña y trabajar la huerta hace que uno valore la energía personal y hace que uno haga su trabajo lo más eficientemente posible, que use la energía de la mejor manera. Esta idea atraviesa todo: el reciclaje, el uso de residuos de los baños y de la cocina como compost. Hay un sentido de reciclaje constante de la energía. En la naturaleza no hay desperdicios, ser parte de esos ciclos es interesante y uno lo ve en la vida cotidiana”, se entusiasma.

Otra ventaja es que en una ecoaldea se aprovecha más la luz del día. El sonido de los pájaros hace de despertador, y alrededor de las 22 los habitantes se duermen, entonces hay un par de horas menos de consumo energético que en la ciudad. “Entre 30 personas gastamos prácticamente la misma cantidad de electricidad, gas y combustible que una familia tipo. Casi no utilizamos medios de transporte, entonces se ahorra en consumo de nafta”, compara Thakur Das.

Las construcciones en las ecoaldeas tienden a ser bioclimáticas, de formas orgánicas, respetando las formas redondeadas propias de la naturaleza, y de materiales como madera reciclada, adobe, fardos de pasto. Los hornos de bajo consumo para cocinar y los productos orgánicos generados en la aldea son también un gran beneficio para el medio ambiente. Además, en algunos casos se venden mermeladas y alimentos artesanales a los visitantes.

En Ciudad Universitaria de la UBA, en Capital Federal, existe la aldea Velatropa, parque natural y espacio experimental interdisciplinario. “Acá trabajamos en la huerta, la vida es menos consumista y la naturaleza tiene la posibilidad de regenerar un lugar que estaba destruido”, cuenta Juan, estudiante de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, de 23 años, y miembro de la aldea. E invita a quienes quieran a compactar en una botella la basura que no se sabe cómo separar para acercarla a Velatropa donde son bienvenidos estos ladrillos ecológicos.

“Se puede vivir en armonía con la naturaleza, generando los propios recursos, sin cuestiones de consumismo ni de propiedad. Todos podemos hacer realidad nuestros sueños, hacer lo que creemos que hay que hacer y no esperar a que lo hagan otros”, concluye Balado.

Agenda de Bolsillo

  • Generar cambios personales ayuda a la situación general.
  • Comer alimentos naturales.
  • Una vida simple y con búsqueda interior puede ser muy satisfactoria.
  • Plantar árboles, tener una huerta.
  • Reducir el uso de medios de transporte.
  • Para aprovechar la luz natural, una buena opción es levantarse temprano y reducir las actividades nocturnas.
  • Aumentar el contacto con la naturaleza.
  • Guardar la basura de modo compacto en botellas de plástico y acercarlas a Velatropa, en el Pabellón Cinco de Ciudad Universitaria. Ellos las usan como ladrillos ecológicos.

Más información

.Luján Francos

Referencia: http://www.lanacion.com.ar/1393683-cumplir-los-suenos-sustentables

 

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