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Después de ocho años de obras detenidas y deterioro, diputados porteños demostraron su interés para que se concrete la Reserva Ecológica Ciudad Universitaria. El decano Reboreda recibió el martes pasado a los legisladores en plan de impulsar las obras y hacer viable el convenio entre la UBA y la Ciudad requerido por la ley de 2012 que creó la reserva. Exigió que el tema entre en agenda del gobierno porteño.

Cable 849, FCEyN, UBA – http://www.fcen.uba.ar/prensa/cable/2014/pdf/Cable_849.pdf

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Hoy es algo así como un gigantesco terreno baldío con grandes sectores de cemento que la vegetación se va encargando de recuperar para su bando sin prisa ni pausa. De un lado, Ciudad Universitaria. Del otro, el Río de la Plata. El jamón del medio es un terreno de más de 17 hectáreas con gran potencial para actividades de educación ambiental y esparcimiento de los porteños y, por qué no, de los vecinos bonaerenses. Con gran potencial pero hoy inaccesible, descuidado, sucio, sólo atravesado, a costa de romper alambrados, por algunos pescadores costeros y válido como refugio para un grupo de sin techo que fundaron un pequeño asentamiento.

Ese lugar verde y costero que fuera proyecto de parque natural, tentador en tardes de sol, resulta inutilizable para los habitantes de Buenos Aires y para los estudiantes y trabajadores de Ciudad Universitaria, que sólo pueden verlo desde las ventanas de los pisos superiores de los pabellones vecinos.

Con obras paralizadas desde 2008 pero con estatus de “Reserva ecológica”, otorgado por la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en diciembre de 2012 a través de la ley 4.467, el proyecto costero mostró en estos días indicios de impulso político. El martes 16, un grupo de legisladores porteños recorrió el lugar acompañado por integrantes de diversas ONG. El decano de Exactas UBA, Juan Carlos Reboreda, fue el anfitrión del paseo por lugares habitualmente inaccesibles y, posteriormente, expuso en la sala del Consejo Directivo sobre la historia y situación actual del proyecto de reserva ecológica. Involucrado desde el vamos en la problemática del área, Reboreda indicó, frente a los legisladores, que “la idea es poner en agenda del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires este tema y ver si logramos que, después de este lapso de ocho años, se termine el parque natural y podamos utilizarlo”. Los legisladores, encabezados por la presidenta de la Comisión de Ambiente de la Legislatura, María Eugenia Estenssoro, después de la charla con las autoridades de la Facultad, volvieron a llevar ayer el tema a la Comisión (ver recuadro “El parque y los legisladores”).

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Durante la reunión que se llevó a cabo en la sala del Consejo Directivo, Reboreda expuso la historia y situación actual del proyecto de reserva ecológica. “La idea es poner en agenda del Gobierno de la Ciudad s este tema y ver si logramos que, después de este lapso de ocho años, se termine el parque natural y podamos utilizarlo”, afirmó.

Largos ocho años

La historia (más reciente) del lugar indica que en el año 1998 se iniciaron conversaciones entre representantes de las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Para esas dos facultades de la UBA, el sector en cuestión, pegadito a sus edificios, resultaba de gran interés por su utilidad como zona de esparcimiento para la comunidad de Ciudad Universitaria y para actividades de docencia e investigación, además de ser un espacio que merece ser conservado. Para la Ciudad, el interés pasaba por brindar un nuevo predio de cara al río para los vecinos. Alineados los planetas, Exactas, Arquitectura y el Área de Gestión de la Ribera de la Ciudad articularon un concurso de ideas que implicaba generar tres sectores: el Parque de la Memoria, la Plaza de la Concordia y el Parque Natural Ciudad Universitaria. En 1998, el estudio del arquitecto Tito Varas ganó el concurso y el Gobierno de la Ciudad inició el largo proceso de licitación. En 2006, el Parque de la Memoria estaba avanzado y los obradores se instalaron en lo que se planificaba como futuro Parque Natural. Y había plazo y promesa: en 2008 estarían las obras concluidas.

En 2006, por gestión de la entonces ministra de Derechos Humanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la actual diputada Gabriela Cerruti (quien también estuvo presente en la recorrida del martes), se acordó la relocalización de los más de 200 habitantes de un asentamiento que ocupaban un sector interior del predio. Una vez que se reubicó el asentamiento, comenzaron las obras. El proyecto preveía una zona costera parquizada, de acceso público; un anillo interior, también público, semiparquizado con especies nativas, y un sector central destinado a la conservación, con senderos sobreelevados que permitieran el acceso a la zona del humedal con un mínimo impacto del área a conservar. Escolleras, muelles y el esqueleto de hierro de un puente; las obras que se desarrollaron durante 2006 arrojaron ese saldo que, hasta ahora, es el definitivo. Al año siguiente, con el cambio de gobierno en la Ciudad, se desarticuló el Área de Gestión de la Ribera. Reboreda indicó al respecto que “se calcula que había un 70 por ciento de obra finalizada, que implicaba principalmente la obra civil de la costa. Quedaba pendiente el tema del parquizado”. A duras penas se concluyó, en 2008, el Parque de Memoria, empujado por la presión de los organismos de Derechos Humanos, y ahí terminaron las obras. Asimismo, el decano comentó que “en aquel momento hubo conversaciones, entre 15 y 20 reuniones, que juntaron a representantes de Gestión de la Ribera, de la UBA y de ONG y se elaboró, en forma consensuada, un plan de manejo para el parque natural”. Pero desde 2007 hasta fines de 2013 no ocurrió prácticamente nada. O nada bueno: el predio comenzó a utilizarse como sumidero de adoquines y se construyó una planicie de cemento que no estaba prevista en el proyecto inicial. A fines del año pasado, se generó un asentamiento precario, como señal del retroceso en el uso planificado del lugar.

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El martes 16, guiados por Reboreda, un grupo de legisladores porteños integrantes de la Comisión de Ambiente de la Legislatura junto con integrantes de ONG ambientalistas recorrió el paseo hasta lugares habitualmente inaccesibles. Estuvieron presentes María Eugenia Estenssoro (SUMA+), Pablo Bergel (Bien Común), Paula Penacca (Frente para la Victoria) y José Campagnoli y Gabriela Cerruti (ambos de Nuevo Encuentro).

La hora de la nueva ley
La ley 4.467 de diciembre de 2012, crea en su artículo primero la “Reserva Ecológica Ciudad Universitaria-Costanera Norte.” y en su artículo 5 dice que “La administración y la gestión de la Reserva Ecológica Ciudad Universitaria -Costanera Norte serán objeto de un Convenio Específico a celebrarse entre la Universidad de Buenos Aires y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”. Este convenio debía concretarse en un plazo de 90 días
desde la sanción de la Ley pero el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no convocó a la UBA para tal fin. “Entiendo que hoy estaría la voluntad política por parte del Gobierno de la Ciudad para avanzar con este convenio y definir cómo se va a gestionar la reserva. “Nuestra propuesta es que se cree un consejo ejecutivo, con igual número de representantes de la UBA y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que designe un director y que supervise su gestión”. La diputada Estenssoro, durante la visita, en referencia a los diputados de la comisión de Ambiente, indicó: “decidimos darle seguimiento a este tema porque, como saben, la legislatura votó una ley en 2012 que establecía que la Ciudad debía convocar a la universidad a firmar un convenio para el manejo de la reserva-parque en un plazo de 90 días, cosa que hasta ahora no ha ocurrido. Nos interesa monitorear este proceso para que llegue a buen puerto y no se destruya todo lo que se ha avanzado.”

Cerrando su presentación para dar paso a opiniones y consultas de los legisladores y los demás presentes, Reboreda remarcó que el predio “podría ser utilizado durante la semana por los estudiantes y durante los fines de semana por el resto de los ciudadanos. Estamos perdiendo un sitio que tiene un gran valor educativo. Se da la combinación de que hay un ambiente seminatural que se puede restaurar y, al lado, una facultad con una carrera de Biología, con estudiantes que podrían desarrollar actividades de educación ambiental para colegios, pequeños proyectos de investigación y prácticos de algunas materias de la carrera de Biología. Además, nos estamos privando de un área de recreación que, posiblemente, sea una de las principales que tienen los habitantes de la ciudad de Buenos Aires”.

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